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Le Reconocí.

Recuerdo aquel día, estuvo toda la mañana lloviendo y un increíble dolor de cabeza decidió acompañarme durante toda la jornada.

Y dar clases a 30 niños con ese dolor no era nada divertido, todos revolucionados y yo cada vez más espesa, más lenta, más enfurruñada, agradecí cuando sonó el timbre y salieron todos en estampida por la puerta.

Agradecí sentirme libre, el día anterior me habían robado la bicicleta, así que a andar me tocaba, me sentaría bien pasear hasta casa, sin prisas como lo hacen los turistas y dejarme enamorar por la hermosa Dublín.
Así que empecé a caminar con el aire fresco en la cara y una leve llovizna acompañándome. 

Cuando llegué Grafton Street el dolor desapareció y lo substituyó la morriña, la nostalgia. Me hubiera gustado que mi hermano estuviera conmigo, Davide mi amor, ¡mi otra mitad! Sé que le encantaría esta ciudad de colores, sacaría su cámara de fotos y no pararía, mientras andaba me lo imaginaba a mi lado sonriendo buscando los mejores ángulos.

Y de repente llegó a mis oídos la melodía de la canción de Daniel Powter "Bad Day", la voz era masculina y acompañada de una guitarra.

Sonreí.

Dejé que la música me guiara y me sorprendió sentirme identificada con ella.

Seguí andando y tarareándola hasta que llegué al cruce donde intuí que estaba el cantante callejero, un grupo de chicas le animaban y bailaban, impidiéndome verle de lejos.  

Me pudo la curiosidad, Davide y la morriña desaparecieron de mi realidad.

Esa voz me despertaba algo por dentro.

"You work at a smile and you go for a ride. 
You had a bad day" 

Tratas de sonreír y te vas a pasear, tuviste un mal día.

Sonreí y asentí, respire hondo y me acerqué para verle y quizá echarle unas céntimos.

Se me aceleró el pulso, era un chico de unos treinta y pocos, muy alto y con aire despreocupado rasgaba su guitarra mientras cantaba con pasión y sonreía a todo su público (el grupo de chicas, cuatro turistas, dos ancianas y una servidora).

Me impresionó todo él, pelirrojo de rastas largas recogidas en un moño, camisa blanca, tejanos rotos y zapatillas azules después descubrí que iban a juego con sus impresionantes y alegres ojos.

No fui consciente de que lo miraba con descaro, me pareció el ser más maravilloso de la tierra, me parecía que debía de ser el chico más bueno del mundo, su presencia me daba paz y muchas ganas de conocerlo.

Embobada estaba yo que no me di cuenta que cantaba otra canción hasta que me miró y me cantó sonriendo: 
"You're beautiful it's true
  I saw your faces in a crowded place
And I don't know what to do
'Cause I'll never be with you" 

Eres hermosa de verdad, he visto tu cara en un lugar lleno de gente, y no sé que hacer porque nunca estaré contigo.

De verdad que sentí que me lo decía a mí, sentí que todo mi cuerpo vibraba, mi corazón a mil por horas y una emoción rara me recorría toda el alma.

Intenté hacerme la interesante, miré a todos lados, me sentí como una niña de 14 años, en ese momento me hubiera gustado ser decidida y decirle algo rollo "Hola soy Miranda y estoy encantada de pasar la eternidad contigo!" 
¡¡Ja!! me reí solo con pensarlo haciendo que él se fijara más en mi.

Y en vez de decirle nada, me quedé allí un par de canciones más, aplaudiendo, cantando y dejándome llevar por la música y el arte del pelirrojo.

Cada vez se acercaban más personas a disfrutar de su buen rollo, hasta que decidió dedicarme una canción.

- La última canción se la quiero dedicar a la hermosura de ojos verdes que desde que ha llegado me está haciendo sentir mucho, mucho, más feliz. - Mientras me señalaba con la cabeza, sonriendo y mostrándome una mirada cómplice.

Sentí que flotaba.

Y empezó a cantar I'm Yours mientras se me iba acercando, a la segunda frase me enamoró y él se olvidó de su público. Estábamos los dos solos, mirándonos fijamente, sonriendo y cantando.

Fue la mejor experiencia que había vivido en mis 26 años, me sentí llena, feliz, radiante.

De verdad que me enamoré de ese pelirrojo de ojos azules.

Acabó la canción y todo su público aplaudía, se inclinó hacia mi con una reverencia cómica y dijo:

- Me llamo Niall y sé que eres mi alma gemela ¡Te invito a una pinta!

Sonreí más si cabe, le devolví la reverencia más exagerada y le contesté:

- Me llamo Miranda, te doy toda la razón y a la segunda pinta te invito yo!

¡¡Y nunca más nos separamos!!

Estaba escrito que nos teníamos que conocer (o reconocer) en esta vida, en este país, en este momento.

Quieres saber más de Miranda  -Aquí- 



María CreeyCrea
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814 palabras.